A Jesucristo lo crucificaron en un lugar llamado Gólgota (”Lugar de la Calavera”). Sobre su cabeza escribieron la causa de su condena: “Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum” (I.N.R.I.) - Jesús Nazareno Rey de los Judíos. Junto a él crucificaron a dos bandidos.

Murió a media tarde. Al atardecer, José de Arimatea, un hombre rico que también se había convertido en discípulo, pidió a Pilato el cuerpo de Jesús, y éste se lo dio. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro nuevo de su propiedad que había cavado en la roca. Luego tapó la entrada con una piedra grande, y se fue. María Magdalena y María se quedaron sentadas frente al sepulcro.

Al día siguiente, los jefes de los sacerdotes y los fariseos solicitaron a Pilato que sellaran el sepulcro hasta el tercer día, para que los discípulos de Jesús no robaran su cuerpo para hacer creer al pueblo que había resucitado. Pilato ordeno sellarlo con una piedra y que lo custodiara una guardia de soldados.

Evangelio de San Mateo - Capítulo 27